10.5.12

Ascensor.

Así fue lo nuestro. Nos montamos por casualidad y simplemente empezamos a hablar del tiempo, del tiempo que hacia que, de quién eramos sin decirnos los nombres, de cualquier cosa sin intención de subir pero subiendo, olvidándonos del ascensor, negando que quisiésemos elevarnos pero pulsando todos los botones para que la subida tardase lo más posible, porque sabíamos que después solo podríamos bajar. O quedarnos enganchados en la nube.

1.5.12

21.


Veintiún años aprendiendo a cavar
veintiún años bajo el agua
veintiún años viviendo
veintiún años en la sala de espera
veintiún años redactando la nota
veintiún años corrigiéndola
veintiún años practicando nudos
veintiún años tachando
veintiún años cavando
veintiún años aguantando la respiración
veintiún años subiéndose a la banqueta
veintiún años haciendo la maleta
veintiún años sacando el billete
veintiún años en la estación
veintiún años muriendo
veintiún años en el tren
veintiún años en el tren equivocado
ha llegado al destino
ha llegado el destino
fin del trabajo
fin del trayecto
solamente veintiún años.

























El blog hace un año. Empieza Mayo y todo o casi todo el mes subiré cosillas cortas y rápidas. He borrado las entradas de Eva porque pertenecerán a algo más grande que estoy preparando y que saldrá dentro de un tiempo. Gracias a los que entráis, leéis, comentáis o habláis conmigo de alguna forma. Muchas.

V.

22.3.12

Rojo.

Todavía es Domingo. Todavía era Invierno. La escala de grises cada vez más cerca del negro y el agua cada vez más rosa, sumergido en aquella bañera, enterrado en vida bajo cuatro centímetros de agua, sus lunares controlando las mareas y los latidos haciendo rebosar el agua. Sístole, bajamar, diástole, tsunami. Oye discutir a los vecinos por las goteras, el rojo se espesa a su alrededor y en el te odio escrito en el espejo del baño. Oye su propio eco, preguntando que qué hace y a su consciencia muriendo en lo que dura una canción del Cheb, se va reencarnando en ausencia y desde allí oye a alguien intentando abrir la puerta, aporreando y rascando la puerta con uñas rojas. Oye un "no" y oye un "por qué" pero ya no puede responder con palabras. Abre la boca, sonríe y sale una burbuja. Parece que por fin ha encontrado el pinchazo.

18.3.12

Dioptrías.

Ella se pone sus gafas y lo ve todo. Ve futuro, ve arrugas en él y sus sábanas, ve despertares bajo ellas y veranos sin necesitarlas, ve tartas de cumpleaños con velas cambiantes, caras extrañas al abrir regalos y cumpleaños felices desafinados por tenerlos menos ensayados que las nanas. Ve aquí, ve allá, ve relojes que se derriten en la carretera, salta en los charcos, deforma reflejos y rompe las luces que tiemblan en ellos, pasando por encima con su recién estrenado carnet de imaginar. Ve a sus futuros hijos, se ve valiente, se deja caer hacia atrás, sabiendo que él estará para cogerle o para enseñarle que el suelo tampoco es tan duro, que incluso dormirá en él bastantes noches, en ambos ellos. Salpican los charcos. Tararea la música que sonará el día que no se casen. Vuelve a sus seis años y está balanceándose en su pupitre, dejándole chuletas a sus niños debajo de la pata de la mesa para que no cojee. Sopla las velas. Apretón de manos. Es verano, está en la playa, se refleja en sus gafas, aparta granos de arena de su entre pierna. Aletea sus pestañas. Forma un tornado que hace temblar los charcos y a ella aquel día esperando al bus antes de conocerle. Pide un deseo con la que cae en su dedo. Se besan. Susurra el deseo. Se escapa la pestaña. Se besan. Primavera y allí sigue. Aspira humo y expira nubes, se desinfla, resopla y sigue. Ve, ve, ve, ve. Ve todo, porque ella es valiente con sus gafas, pero a veces se las quita y pasa miedo. Pasamos miedo, que suena mejor.

Such a heavenly way to die 

7.3.12

Huída 9 Toma 1.

Rodando. 

La ves. La conoces. Idealizas. Te presentas. La oyes. Tiene la voz más aguda de lo que pensabas, pero está bien. Sonríe. Dientes bonitos pero no perfectos. Pelo corto. Uñas mal pintadas. Idealizas. Habláis. Habláis. Habláis. Solo piensas en hablar con ella. Las expectativas siguen altas. Además escribe. Joder. No lo hace mal. Joder. La lees. La relees. En su último texto habla sobre algo nuevo. Buscas tu nombre entre las líneas. Te encuentras. Te lo niegas. ¿Por qué iba a escribir sobre mí? No seas egocéntrico, va. Pero sí, era sobre mí. Escribes sobre ella. Más obviamente que ella, para que lo sepa seguro. Joder, que obvio te ha quedado. Seguro que lo lee y huye. Lo lee. No huye. Dice que le gusta. Habláis. Ya te imaginas todo el futuro. Casarse no, pero hijos... tengo que pensar nombres. Marta y Eloy. No, qué feos. Bueno da igual, ya decidirá ella si eso. Le cuentas algo sobre tu anterior chica, para ver cómo reacciona. Dice que ojalá os vuelva a ir bien, que dónde hubo fuego siempre queda nosequé. Mierda. Me quiere cómo amigo. Está siendo falsa. Falsa que eres, joder. Por lo menos arquea una ceja o muestra algún tic de celos, yo que sé. Serás zorra. Ojalá tuviese celos, pero no. Pasa de mí, le importa una mierda a quién me follo. Bueno, la veré como amiga. No pasa nada. Pero ¿para qué cojones quiero más amigas? Pasa un tiempo. Pasas de ella un tiempo. Te busca. Te busca. Recuerdas ciertas cosas. ¿Y si estaba siendo falsa? Quedáis. Hay tensión. De la buena. Le entras. Hace la cobra. Ni te enteras. Menos mal. ¿Película? Va. Tumbados. Se abraza. Te mueves. Se acerca. Te mueves. La aprietas. Te giras. Se gira. Beso. Beso. Beso. No dices te quiero para no asustarla, pero joder, la quieres. De la mano. Caras de tontos. Besos por la ciudad. La ciudad parece París. Viva París. Llamadas que duran toda la noche con te quieros que se caen de la boca. Se hacen cortas. Ñoñeo. Ni te reconoces a ti mismo. Regalitos. Amor puro. Mariposas en el estomago. Despertar y dormir pensando en ella. Pero nada serio eh. Está claro por las dos partes. Clarísimo. Esta vez quizá no haya que huir. Todo bien. Todo bien. Todo bien.

























Mal. Todo mal. Fatal. Demasiada calma. Me aburro. Me aburres. Aparecen los primeros defectos. Recuerdas por qué huiste otras veces. A la mierda las expectativas. Quiero quedar. No, hoy no me apetece. Ah, muy bien eh. Parece que haya que hacer las cosas por obligación, coño. No, si no quieres, pues nada. Vale. Te cansas. Por qué no me llamaste ayer. No me agobies, anda. Quiere tener algo más. Pregunta que hacia dónde va todo esto. Hacia mal sitio si sigues así. No es como la idealizaste. Intentas cambiarla. No cambia. Intenta cambiarte. ¿Qué coño intenta? No voy a cambiar por ella. Llamadas de 5 minutos con te quiero automático al final. Se hacen eternas. Hay tensión. De la mala. Celos irracionales. Putos celos. Ojalá no hubiese celos. Discusión. Te grita con su mierda de voz aguda. Gilipollas. Puta. Imbécil. Zorra. Vete con tus amiguitas. Reconciliación. Polvo de. Unos días bien. Más discusión. Drama. Discusión por toda la ciudad. Peleas en baños. Droga. Borracheras. Gritos. Reproches. Cada uno por su lado. Conoces a otra mientras. Volvéis. Nota algo. Celos con razón. Putos celos. Déjame en paz. ¿Qué te tiene que importar a ti a quién me follo? Mierda de París. Piensas en la otra.  Sueñas con la otra. Idealizas a la otra. Piensas en la otra cuándo estás con ella. Las comparas. Comparaciones. Odiosas. Inevitables. Ella se convierte en la otra. Escribes sobre la nueva. Qué tiene ella que no tenga yo. Todo. Te lías con la otra. Total no tienes nada serio. Si lo tienes, coño. Se entera. Lo siento. Joder. Lo siento. No pretendía hacerte daño. Te quiero pero. No te merezco. No eres tú. Pero yo te quiero. No lo hagas más difícil. Huida. Te echo de menos. Adiós.

4.3.12

Marzo.

Insomnio se ha ido pero seguimos despiertos. Las iniciales se entrelazan en las cicatrices del antebrazo, la bañera medio llena de rojo desde aquel catorce, se refleja en mi cara como un Narciso en viceversa asustado de su reflejo, buscando en el fondo una razón para seguir mirando. Flotan botellas medio vacías con mensajes mezclados, en blanco y en color, de una y otra. Expectativa y Decepción o Soledad y Compañía, todas se han ido y solo queda Decisión, que esta noche quiere ponerse encima y por una vez ser ella la que me tome a mí, aunque yo nunca le deje y acabe follando con Sherezade, aumentando la lista de cosas que hacer para alargar la última noche, escuchando solamente susurros entre el ruido, a ritmo de empatía, echando a Prudencia de la cama, bailando tangos hasta el fin del mundo. De nuestro mundo. O hasta Abril.


28.2.12

Invierno.

Yo no te echo de menos pero. La cama está fría, Coruña está fría y no sabes lo pesadas que se ponen por la noche preguntando que cuándo vienes. Las toallas se niegan a secarme a mí solo, el espejo del baño dice que estoy más feo desde que tú no haces el tonto desnuda a mi lado y el ventanal del salón echa de menos tus miradas. Las puertas no pueden vivir un segundo más sin tus portazos, mi espalda se ha acostumbrado a tus uñas y los gatos que no tengo maúllan por la noche a los gatos que tú no tienes. La estantería echa de menos tus libros y mis libros a tus prólogos. Las pelusas de debajo de la cama piden ver pies con uñas pintadas de vez en cuándo y las humedades del techo se sienten solas al ser las únicas que se producen. Este hueco de mi lado tiene tu forma y tu nombre, la almohada te nombra y las sábanas que te gustan todavía se ponen tu perfume en noches especiales. En noches como ésta, que coruña está fría, su cama está  fría, Coruña se queja y nos pide que volvamos con la pólvora.

Pero yo no te echo de menos.


24.2.12

Todos los caminos llevan a Ítaca.

Los muelles de la cama sonaban como grillos de conciencia. No botabas como ella, ni decías joder en el mismo tono, ni manejabas el arte de introducir suspiros entre respiraciones entrecortadas. Había cortes de cobertura, tú tan cerca y tan lejos, ella tan lejos y parecía que era la que estaba allí encima de mí entrando y saliendo, aunque sin salir nunca del todo en realidad. Podía ver su forma de recogerse el pelo, que no era la tuya, su sonrisa dibujada encima de tu cara, sin encajar ni un solo diente en la ecuación, podía ver su forma de mirar hacia arriba desde el suelo, sonreír y seguir, aunque tú mantuvieses los ojos cerrados todo el tiempo. Pinté de marrones tus azules mediocres, metí los dedos en el pelo en busca de rizos ausentes, porque no hacía más que respirar ausencia, su ausencia estaba en el aire, podía ver sus susurros en tus gritos, podía verla en cualquiera de tus vacíos aunque tú te empeñases en intentar llenarlos.

Al dormir, ni roncaste ni me diste calor excesivo, ni vueltas en la cama, ni pies fríos en las piernas para calentarte con puro egoísmo, tanta falta de imperfección me daba ganas de vomitar, hubiese pagado porque se te hubiese escapado un pedo, un eructo, un arrebato de irte en medio del polvo, un reírte de mi cara al correrme, un algo que te hiciese odiarte por un solo momento para que te pudiese amar en cualquier otro. A la mañana trajiste el desayuno a la cama y eso ya no lo pude soportar; quién eras para cocinar bien, sin tener que temer por el estado de mi cocina cada vez que la pisases, quién eras tú para no ponerle orégano a ese sandwich, quién eras tú para tener buen aliento recién despierta, quién eras tú para llenar de migas su cama, que no es mía ni de nadie más porque ninguna ha podido sobrevivir todavía a la comparación con la chica imperfecta de la decepción a primera vista. ¿Quién eras tú? No tengo ni idea, pero sí sé quién no eras y con eso me sirve.

23.2.12

Ítaca en llamas.

En el laberinto. Tú por un lado y yo por el otro. Por si no fuera lo bastante complicado con uno solo buscando y el otro en el centro. El centro cambiando de sitio a cada segundo. Ya no dos Penélopes, ahora dos Ulises. Los caminos cambiando cada día y las brújulas que indican nuestro camino al norte averiadas por vivir en un continuo Coruña. En las antípodas. Tú por un lado y yo por el otro. Escavando cada día nuestra parte de tierra con cucharilla de plata por no querer ensuciarnos las manos con la pala pero sin querer encontrarnos para no morir abrasados en el centro de la tierra. En un continuo buscar para no encontrar, como todo lo contrario que nosotros hacemos, porque en realidad nacimos en el centro e intentamos escavar para volver a encontrarnos en un lugar en el que el calor no nos mate, sucios de tierra hasta las orejas. Imperfectos pero factibles. Quizá moriríamos sin calor. Quizá nuestro sitio es el centro.

"Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos a encontrarnos"

20.2.12

2 + 2 = 5

Empiezo a cansarme de este viaje continuo al futuro, planeo escapar de mí mismo para meterme en ti en un viaje de solo ida y conseguir parar el tiempo. Divago por el laberinto de la mano de una cuerda por si me arrepiento y quiero salir, pero para llegar al fondo tendré que soltarla. Al fondo del laberinto. Ella, el molde roto de la perfección, roto para que esos de ahí fuera nunca sospechen que ella es la perfecta y no esos ojos azules y caras simétricas que les dieron los genes, belleza común, belleza sin mérito, que a base de repetición os han convencido de que es la real. Ella es bella porque no lo intenta, ella es perfecta porque lo niega y su simetría es de cicatrices por haber recibido de los dos lados. Creer en ella era utopía. Creer en ella es nihilismo. Algún día creeré en ella. Algún día acabará el viaje.


16.2.12

Quizá.

Me he salido un momento del laberinto de inseguridades, máscaras y etiquetas, con la indiferencia como escudo y sin necesitar espada, me he escapado del diccionario para ir a verte, Señora Inefable, para intentar pillar el tren de esta oportunidad o dejar que me pase por encima de una vez, o quizá para arrancarte las pestañas y pedir un deseo por cada una que eche de mi dedo con un suspiro. Porque quizá en el universo que creemos las estrellas pidan deseos al vernos a nosotros suicidarnos, o no se pidan deseos, o la Santísima Trinidad se calcule con la fórmula del cateto y la hipotenusa. Quizá la ciencia no exista fuera de allí y no importe a qué velocidad se cae del árbol la manzana, ni quién le dio el primer mordisco a la roja, ni si Dios era en realidad la serpiente. Quizá el paraiso huela a Martini y palomitas y el infierno aún mejor, o la gente duerma en cunetas sobre un colchón de tiza en compañía de una silueta blanca, haciendo dedo intentando volver al laberinto de los conceptos y caminos definidos. Quizá tú y yo seamos laberinto y no queramos que ningún Teseo nos moleste o tú seas minotauro y yo aventurero griego rompeparedes sin paciencia para escoger camino ni concepto.

Delirios.

14.2.12

14F.

No quiero regalos. Me inventaré una alergia al chocolate, las flores y la gente arrodillada si es necesario, no quiero cajitas, arroz cayéndonos encima ni historias de naranjas mal cortadas y almas buscando al que murió durante el parto para encontrarle y convertirle en siamés. No quiero cepillos rosas en mi baño, ni violines, ni París ni Venecia, ni conocer tu ciudad ni a tus padres, no creo en castillos ni en princesas que necesiten besos para despertar, no quiero blandeces, no te adaptes a mí ni te erosiones con los choques, ni te enfades por la distancia de seguridad que querré de vez en cuando. Qué nuestras manos no encajen, qué mi hombro no te sea cómodo, qué odies cómo bailo, qué odies cómo escribo, qué te rías de cómo hago todo. No quiero saber el nombre de tus futuros hijos, ni que lleven mis apellidos y su padre lleve mi nombre. No quiero exclusividades, quiero alquiler con opción a compra nunca llevada a cabo, no quiero escribirte solo a ti, no quiero amores con complejo de jaula con los posesivos y el verbo tener como barrotes. No quiero obviedades, ni golpes de estado de ánimo algún 14F, quiero que vistas de rojo y negro todos los días del año menos hoy, que entiendas que nuestra relación si algún día es, será a tres, que no pienso abandonar a Soledad por ti, ni bailar Joy Division agarrados, ni acordarme de ti escuchando algún grupo romántico de los ochenta. Pero que tengas claro que si hay algo que quiero es a ti y a este puto miedo a tu potencial de cambiar todo lo antes dicho.


12.2.12

Hoy te he visto.

Hoy me has despertado bajo las sábanas como tú solo sabes y me has hecho el desayuno, pero no lo trajiste a la cama porque dices que se llena de migas y lo odias, me has leído ese libro con el que estás ahora, subrayando cada cosa que te recordaba a nosotros, mientras yo te apartaba el flequillo y te reías de cómo te miraba, me llamabas enamorado para picarme y metías un dedo en cada hoyuelo. Hemos comido juntos nosequé con orégano y yo he dicho que estaba rico antes de probarlo, te he atacado desde atrás mientras lavabas los platos de todo el mes y me llamabas vago, con el moño hecho, cantando y bailando algo de Morrisey con ese acentazo inglés de algún barrio de Madrid que no conozco. Te he visto de camino a clase, nos cruzamos en el ascensor y hablamos sobre el tiempo que hacía que no hablábamos, mirándonos en los dos espejos parlantes, tardando media hora en darle al botón que nos bajase a la realidad, con los vecinos protestando por tener que bajar a ella todos los días por la escalera y la limpiadora desesperada intentando sacarle brillo barnizándola con idealización y agotando el limpiadecepciones. 

Me has cantado por el camino todo el repertorio de mi Ipod al oído, pasando por todos los volúmenes e intensidades, desde Feist hasta Alice, por el medio algún grupo español modernito con el "dejarse llevar" entre lineas mientras yo solo te repito el "when you coming home" de Robert y que hace frío ahí fuera pero calor aquí dentro y que con eso debería ser suficiente. Te has sentado a mi lado en el bus en el que solo iba yo montado, te quejaste de que la ruta no fuese a ninguna parte y al bajarme te he encontrado en la parada y nos dimos el abrazo nervioso de la primera vez. Me cogiste de la mano. Apretón. Beso. Apretón. Sonrisa. Apretón. Carrera para llegar a clase. Y ahí estabas tú ya, en una esquina del taller, en mi esquina del taller, dónde te conté que leí aquello, o dónde otras veces me he escapado para llamarte por teléfono. Lluvia de camino a casa y al llegar me estabas esperando en la puerta para quitarme la ropa mojada, aunque fuera una excusa, porque me la habrías quitado también si estuviera seca, como rutina, como nuestras benditas monotonías no obligadas, de hacer la comida y acabar comiéndola fría o de no comer en todo el día volviéndonos autótrofos viviendo de respirarnos como alguna de esas cosas que me cuentas que ves por el microscopio mientras yo asiento como si entendiera algo. Como si entendieramos algo de todo esto, porque llego a esta cama y tú no estás, pero todavía huele a ti, incluso sin tú haber estado aquí en todo el día ni en meses... pero joder niña, hoy te he visto y seguías igual de imperfecta que el primer día que me enamoraste y dejaste el olor por todo Coruña, por todo, coruña.

5.2.12

Mayestáticamente.

Mi inocencia murió. Todos los gusanos que se comieron su cadáver se han fusionado y se han vuelto solitaria para meterse en mi estomago y devorarme desde dentro, empezando por los otros sentimientos cercanos a ella. Murió dignamente en unos columpios, poéticamente sin querer, en unos columpios desconocidos para ser más especifico, de una ciudad desconocida y en un yo desconocido abandonado en la nada por alguien que fue alguien. Pero todo está bien, se puede vivir sin ella, no es oxígeno, no es sangre, no es amor, solo es un peso que te hace caer más rápidamente en la caída que significa enamorarse en inglés. Por ahora, me mantengo saltando de nube en nube y desde aquí todo el resto parecen hormigas, tan pequeñas en comparación... que son odiosas, pero más nos odian ellas a nosotros y nos devuelven todo el odio con la ayuda de sus amigas las realidades, en forma de hostia, en forma de ella no es ella y como aún falta tiempo para que la nube sea habitable, calcularemos cómo hacer que la caída dure lo más posible y quemaremos hormigas con la lupa de la decepción mientras tanto, aunque las hormigas no tengan ninguna culpa, pero así somos los culpables sin inocencia.

3.2.12

Entre lineas.

Y ahí estoy yo, sentado contra la pared de mi habitación, leyendo a las cuatro de la mañana, con los brazos cansados de entrenar y respirando el olor a marihuana que sale de mi chaqueta mojada, tirada en el suelo en cuanto llegué de la calle. Ella duerme. Todas ellas duermen. Yo ni siquiera leo lo qué Cortázar se esforzó en pensar y algún editor en imprimir, hay demasiado ruido en mi cabeza para eso, simplemente meto los problemas del día o del mes entre las lineas y los leo con calma. Veo la cara de mi padre entre la historia del hombre que vomita conejitos y discutimos, aquella solución con la que no di en el examen se me aparece en Instrucciones para subir una escalera, facturas bajo Telegramas y entre la cocina y la habitación de la Casa tomada me encuentro con aquella chica y me pregunta por qué hice aquello. Ella despierta.

-¿Qué haces?

En ese momento hay más poesía en ella que en cualquier libro escrito por cualquiera, con todo el respeto a quien tenga que tenérselo, que él seguro que me daría la razón. En la camiseta blanca de tiras que usa para dormir, en el pelo rizoliso desordenado por la almohada, en sus ojeras a medio hacer, en la forma en la que se acerca y apoya su cabeza en mi hombro y sin palabras, solo con unos leves empujoncitos con la frente dice: "Ven a la cama, tonto" inventando su propio lenguaje morse con rizos y legañas, ojeras y bostezos y ese beso de recién despierta con mal aliento que me hace tirar el libro al suelo y que los problemas desaparezcan de entre las lineas de golpe, para huir a nosédonde y volver cuando ella no esté para echarlos.

31.1.12

Si y no.

Amor de Schrödinger. Viviendo y muriendo. Sino descompuesto. 
Uno con el otro. Indecisión. Uno contra el otro.
Dos Penelopes esperando a que el otro se convierta en Ulises. 
Irracionalidad hecha nosotros. Dado con 2 caras tristes y alegres. Tambalearse en el puente. Decidir si empujar al otro o tirarnos. 
Tira y afloja. Caigamos. No me dejes caer solo. 
Apriétame la mano. Suéltame. 
Vete. Ven. No vuelvas. A irte.


29.1.12

Enamorado del error.

En el momento en el que Cortázar habló por primera vez de La Maga me di cuenta de que Z. no era nada de aquello, era demasiado perfecta. (...) pero yo no estaba borrando, estaba escribiendo encima y se leía perfectamente que lo que había escrito antes era mejor, pero si borraba, borraba todo. Todo hubiese sido perfecto con Z. si yo no estuviese ya enamorado de A., si no estuviese ya enamorado del error, del "no deberías", de lo tachado, del borrón. No se me daba bien tratar con chicas perfectas, no se me daba bien dormir sin preocupaciones mas de dos días seguidos ni estar sin un polvo de reconciliación una semana entera, mi espalda necesitaba arañazos para poder ponerle tiritas más tarde, necesitaba tener que tener siempre una toalla a mano para limpiarme las lagrimas y las corridas, intensidad joder... no quería ni pedía un yate, quería un bote hecho con cuatro maderas mal atadas y tener que luchar cada noche contra la tormenta y las olas. Yo transformaba piedras en estatuas, no estatuas en estatuas y A. era una piedra y Z, una estatua.

Esto es un extracto de Dejavu, la tercera parte de aquella historia de Septiembre que nunca llegó a publicarse y que algún día saldrá.

25.1.12

Demanda de ella.

Dónde estás. Dónde está tu cuerpo imperfecto del que te sientes orgullosa sin tener que gritarlo. Dónde está tu sonrisa imperfecta porque el aparato te molestaba y te lo quitaste al tercer día de tenerlo puesto. Dónde están todas tus fotos en las que sales fea y no te importa, porque sonríes más sacándolas que saliendo en ellas. La música que escuchas, de la que me río para hacerte rabiar pero escucho luego a escondidas, tus uñas rotas y a medio pintar porque te las muerdes y yo te regaño cogiéndote de las manos y poniéndomelas alrededor del cuello. Dónde están tus celos irracionales y tu forma de llamar zorras a todas y cabrón a mí, sin ninguna razón. Tu leerme al oído, riéndote de mi forma de pronunciar el inglés y avergonzándote de tu francés. Tus tonterías por la calle, tus tonterías por casa, tus conversaciones escritas por Woody y recortadas por Cortázar. Tus libros subrayados y tus notas de amor en los míos. Tu mala letra. Tu ponerte lo primero que pilles, tu bailar recién salida de la ducha con una toalla de vestido y pies descalzos como tacones, orgullosa de ser tan bajita y rabiando cada vez que te lo llamo. Tu cabezonería. Tus "idiota". Tus textos que no publicas y solamente leo yo, tu forma de revisar los míos antes de publicarlos. Tu forma de huir cada vez que se habla de compromiso. Mis huidas, tus huidas. Mis poemas, tus poemas. Nuestras discusiones, nuestras películas, nuestros días sin comer, nuestros días sin dormir... 

"No, no quiero una novia. La quiero a ella."


Un año después, mi versión del "Demanda de él" de la chica nubosa de las nanas.

19.1.12

Sin destinatario.

Tiembla el papel en el que te escribo, por el viento, porque conoce los nervios detrás de cada palabra o porque el tembleque se contagia de la mano al bolígrafo y del bolígrafo al papel. Te espero escondido para que me encuentres, estaré aquí todas las veces que no vengas y cuando la mentira se haga vida y vuelvas para decirme que me equivocaba, escucharemos juntos la canción que cante nuestro amor antes de morir, convertido en cisne. O no. Siempre el "o no". Esa incerteza que se convierte en autoengaño, ese 1% que separa lo seguro de lo inseguro, porque la seguridad solamente se da al 100%, porque si estás 99% seguro es que no lo estás, así que sé casi seguro que no volverás pero me agarro al 1% y a ese "casi" como a mi vida. Vuelve.

11.1.12

L.

Ella sonríe.
Y de repente todos los años de evolución, toda la selección natural, Darwin, Lamarck, los experimentos con guisantes, el paleolítico, el neolítico, la rueda, el fuego, la noche, el día, la caza, la pesca, la luz, Edison, la bombilla, el telégrafo, el teléfono, la paz, las guerras, las armas, las banderas blancas, la ropa, vestirse, desvestirse, desnudarse, la química, la física, Einstein, Picasso, la pintura, la escultura, la escritura, Hemingway, el mar, París, Cortázar, La Maga, la magia, los trucos, las trampas, ganar, perder, abandonar, jugar, participar, Zidane, el fútbol, Chamberlain, la pelota, el aro, la cancha, el césped, la marihuana, las drogas, las medicinas, los venenos, los libros, los bolígrafos, los pinceles, los lienzos, los silencios, los gritos, los susurros, las inspiraciones, las expiraciones, sístoles y diástoles, glóbulos y leucocitos, hígados y riñones, piernas y brazos, abrazos y patadas, puñetazos y caricias, Alicia y las maravillas, correr detrás del conejo blanco, las dudas, las certezas, el chocolate, la nata, la vainilla, ir al cine, ir al teatro, actuar, besar, lamer, llorar, reír, morir, vivir, la muerte, la vida…
todo… 
de repente tiene sentido.

9.1.12

Olvidar es de cobardes.

Olvidar es de cobardes. Los recuerdos corren a tu alrededor, te rodean, se acumulan, chocan contra ti y dependiendo de lo fuerte que seas tú o sean ellos, caerán ellos o tú. Tú caes y te recuperas. Ellos caen y los recuperas al tiempo, reconstruyendo fotos amarillentas como si fueran puzzles y después del rompecabezas te preguntas por qué olvidaste si en realidad eras feliz, pero sin nostalgia porque ahora también lo eres y sin tener que esforzarte en reconstruir tus pedazos, ni en recordar. Recordar es de valientes.


Ella dormida es poesía.
porque las que inspiran tan fuerte
de noche roncan
(no le contéis que ronca)
porque gracias a los ronquidos despierto
y escribo sobre las cosas
que no le digo en alto
por miedo a equivocarme.

No me quieras.

La margarita no sabe no contesta, queda un para siempre escrito en la orilla del mar de dudas, el sol sale a bailar un chotis sin cintura que agarrar ni labios que le canten melodias al oido, el del espejo me da la espalda y suspiro para echar fuera esos vientos que bebí en mal estado en busca de inspiracion. Arrodillado te ofrezco un miedo al compromiso, dentro de la cajita del anillo hay un no me quieras, pues ya no sé querer y no pienso pagar contigo mis carencias.


Conversaciones.

El gato me cuenta que sueña con caer de espaldas,
que lleva seis suicidios y ya se cansa,
le digo que los humanos tenemos mas de siete vidas, 
que cada una empieza y acaba con una de ellas;
el problema son las vidas paralelas
que pueden acabar en muerte completa.
excepto cuando una de las vidas es mas fuerte
y cuando ella habla,
el resto de vidas mueren un rato 
y caen de espaldas en el olvido.

2011.

Ella era París, ella fue Valencia, ella es Coruña, ella era la mano apretada por la calle, ella era la que mataba clones, ella esperaba al principio del semáforo, ella creaba los sueños, ella era el sueño, ella me despertó. Ella era Summer, Celine, Adele, A. y Sophie. Ella era cómplice, ella era crimen. Ella me enseñó a escribir, ella me enseñó cómo escribir, ella quería aprender a escribir, ella quería verme escribir. Ella era nube, ella era Sol, ella era tormenta, ella es calma. Ella me habló del síndrome, ella cambió el nombre al síndrome. Ella huyó, ella quiso huir, ella se arrepintió de haber huído, ella me preguntó por qué huí. Ella me quiere en distintos tiempos verbales. Ella reventó el polígrafo, ella fue salvada, ella me salvó. Ella se enamoró, ella me enamoró en un día, ella no quiso enamorarme, ella me enamora cada día. Ellas tenian y tienen ojeras Ella puso punto final, ella puso punto y se apartó, ella pone puntos suspensivos. Ellas inspiraron y suspiraron. Ellas hicieron que dos palabras pasasen de difíciles de decir a imposibles de retener. Primavera, verano y otoño. Ellas fueron, ella es y ella será.  Ellas, ellas, ellas, todo hubiera sido distinto sin ellas.

27.12.11

Isolation.

Esta noche ha aprendido a vivir. Cuelga de su cama con medio cuerpo fuera, su nariz gotea sangre y se ve reflejado en el charco que se forma en el suelo, pero no se reconoce porque el reflejo es espeso, podría ser cualquiera el que le mira con cara de asco desde allí, preguntándose a la vez quién coño le mira a él. Esta noche ha aprendido a vivir tan rápido que tendrá que aprender a morir igual de rápido o más, pero de esto no hay maestro, tendrá que ser autodidacta y aprender solo, o empezar a escribir sobre ello para nacer y morir sobre el papel. 

La vida pasa por delante de sus hojas. Hace unas horas era feliz y ahora se encuentra con la cena del día anterior mezclada con sus ganas de vivir mirándole desde el otro lado de la cama. Y él se pregunta que ha pasado entre esto y lo otro, dándose cuenta de que al final la vida es eso, algo que pasa entre esto y lo otro, así que coge su bolígrafo y escribe su autobiografía subrayando todas las frases tristes que encuentra en sus libros y cartas sin remitente porque ya no queda nadie a quien llamar "querido", pinta la silueta del tiempo en el suelo de la habitación con tiza y firma el poema con sangre a presión, en un cuadro abstracto de pintura roja que simboliza esa noche, ese día, esa vida, esa muerte.
























22.12.11

Sobreviviremos.

Yo también me vuelvo nube y lluevo sobre el papel. Una mezcla de sangre y vómito a partes iguales; espero que alguien prepare la transfusión y me moje la nuca o que traiga dos dedos y escribimos un libro sin destinatario ni buzón que lo soporte. Tengo ganas de disfrazarme de piedra y salir a tropezar, de caer en la cuenta atrás de quince a diez o de que me trague el orgullo que no trago y me escupa lejos de aquí. Muchos nudos que deshacer y ecuaciones que resolver, más de noventaiún problemas vienen pero podremos con ellos. Sobreviviremos, que tampoco es una palabra tan mala, definitivamente podría acostumbrarme a sobrevivir o a vivir sobre ti. Mientras tanto, seguimos sin saber lo que hacemos pero aún así lo hacemos, Marx estaría muy orgulloso de nosotros, el ciclo de los enfados se repite, pero ella mejora el dejavu cambiando lágrimas por un "idiota" con cara de pena y sonrisa. Y yo sonrío, joder, como acto reflejo de qué sé yo lo qué, pero que nada tiene que envidiar al del espejo que atravesó Alicia para descubrir maravillas.


19.12.11

Glass.

Todo está nublado. Me reflejo en un cristal y después me corta, lo reflejo en un papel y después me corto al pasar la página mientras la luna se refleja en el charco y tiembla por la frialdad de cómo lo cuento. La brújula que tenía tu nombre en vez del norte se ha vuelto loca porque estamos a distancia negativa y apareces por norte, sur, este y oeste al rodearme en un abrazo. Cae la noche en nuestra espalda y nos pilla tumbados, nos inspiramos y expiramos, esta noche morimos tres veces por cada una que vivimos y esperamos a la muerte real viviendo, como quien espera al amor odiando, o espera a la vida en vez de vivir, o muere esperando. El reloj marca ahora, la luna sigue temblando y yo envidio al universo porque desearía poder escapar de mi mismo para ir a verte.


Ella.

11.12.11

Desordenada.

La señal de humo con forma de mujer se convirtió en nube. Ella se fue. El poema comió el silencio en mal estado y se descompuso. La calle mal alcantarillada se convirtió en río pero en la otra orilla no había ángel de amor. Él hizo señales de humo quemando trozos del poema para encontrarla. Se produjo un silencio. La nube se cortó las penas, el cielo se desangró y llovió sobre la ciudad.


5.12.11

Yume nº4: Habitación.

Tengo un hueco en la muñeca por el que se escapa el tiempo y un reloj para taponarlo, un hueco en mi cama con tu nombre y dos hoyuelos en mi sonrisa provocados por la tuya. Una ventana en la botella por la que te veo volver y otra en el espejo por la que me veo a mi mismo esperándote. Ecos de portazos y de gritos, platos rotos en el suelo y una suela de zapato rota solo por un lado de correr en círculos. Un camión de la basura llevándose viejos recuerdos y un psicólogo ayudándome con el síndrome, un camión de la mudanza trayendo recuerdos nuevos y una psicóloga jodiéndome con el Síndrome. Una luz que no se apaga y un ojo que gotea toda la noche y me desvela, silencios en morse para la chica que olvidó como gritar y un calendario trabajando como esquela del mal tiempo, que pasa lento cuando estamos separados y el reloj mareado por el movimiento de las agujas, fumando el opio del crono y marcando la hora en glíglico. 

Mi vida rota en añicos de 365 noches de reencuentros y carmín en su cuello por la marca de los versos. Un verso entre tachones que solo ella conoce y un secreto a voces susurradas por la afonía provocada por la noche del reencuentro. Clavos nunca usados, una sabana no tan santa y en el techo una Luna con forma de sonrisa, a la que aúllan hombres bobos escapados de París. Las ruinas de Venecia y la necia que no vino, la fe acentuada de un ignorante y una palabra en inglés con una S. para luchar contra los monstruos de debajo de la cama, su foto en la misma puerta que rompió de un portazo y un cuadro surrealista mal pintado en la mente del que sueña todo esto.


2.12.11

Hola hijo:

Te escribo esta carta para saber cómo estás, ya que después de nueve meses juntos te has ido; me habían dicho que nos separaríamos, pero no me avisaron de que te irías tan lejos, te escapaste antes de que nadie de este mundo pudiera encontrarte, no te culpo, no es tan buen sitio para vivir, fuiste rápido huyendo, quizá es lo que deberíamos haber hecho todos, pero me hubiera gustado haber disfrutado de ti un rato entre mis brazos o abrazándote, dormido o despierto, llorando o callado. Si tú supieras lo que nos costó a tu padre y a mí ponernos de acuerdo para decidir tu nombre y te vas sin haberlo usado ni un solo día, sin haber podido reñirte o todo lo contrario usándolo hasta desgastártelo. Ahora mismo hay demasiado silencio en esta casa, si todo hubiese ido como yo pensaba, tú la estarías iluminando con tu ruido sin dejarnos dormir, aunque eso no cambia y tú sigues siendo el motivo, no podemos dormir por el silencio que nos dejaste y el reloj de mi muñeca quedó traumatizado, marcado, marcando la hora en la que viniste y te fuiste porque como buen hijo de escritores fuiste oximoron, al nacer muriendo. Echo de menos todo lo que no pasará, yo te quería llamar Rocamadour y sentirme Maga, cometer todos los errores que los padres cometen, sobreprotegerte, cantarte nanas inventadas moviendo la misma cuna que ahora muevo vacía, escribir historias realistas sobre cómo jugamos juntos que ahora tendrán que ser ficción y las páginas pasarán más fácilmente por tener el dedo mojado en lágrimas. Me despido mi amor, pórtate bien allí, donde quiera que estés, si las cosas siguen asi  puede que pronto vaya a verte, si no he ido ya es por no dejar solo a tu padre, que ahora en el salón intenta dormir disimulando la tristeza y leyendo a Hemingway:

“For sale: baby shoes, never worn”

Mamá

25.11.11

Escotoma.

El cuadro que le seguía con la mirada era un espejo, pero no había nadie dentro, no porque fuese vampiro sino porque era ciego, estaba frío al tacto porque se estaba tocando a si mismo al otro lado, el espejo no era lo frío, era la frialdad de su reflejo; así que siguió tocando, con sus manos preguntó "¿Quien eres?" y leyó en braille "Un desconocido", y llorando transformó al espejo en ventana por la lluvia salada que hizo caer sobre él.


Ven.

Hablo de ella. Hablo de cambiar a Stendhal por su nombre en el síndrome, de cómo alguien se convierte en motivo, acción y la fusión de ambos, de cómo el segundero tiembla cada vez que da un paso si ella no está cerca, de cómo conjugar su sonrisa en gerundio y decir "no" cruzando los dedos. Hablo de joder el velocímetro de su pecho, de revolucionar los horarios y olvidar el sueño por los sueños, de hacer el amor y que el amor nos haga estar así, de matar al ocho para tumbarlo, de vivir entre puntos suspensivos y olvidar los de sutura.

No hablo de "para siempre", hablo de mañana cada día y del "Continuará" al final de cada episodio, del te odio reventando polígrafos y de los bolígrafos reventados por el sobreuso. No hablo de hacer planes, hablo de planear juntos a ras de mar y nadar juntos en el río a carcajadas, sumergirse en el amar y poder abrir los ojos para verla, de tener vértigo por la altura que estamos cogiendo y olvidar el paracaídas y las huidas para nada.

Hablo de que quizá esta vez no haya que huir y de que huir significaría ir a buscarte* como dijo aquella. Hablo de que el otoño no es tan malo y que el invierno será mejor, hablo de nieve en el mar de Coruña y sueños de hace meses cumplidos en la arena. De tácticas y estrategias, de terapias de choque para perder el miedo al te quiero, de hacerme ser incoherente con mi yo de anteayer que ya no creía en todo esto, de que sea la margarita la que me pregunte a mí y que yo responda que no, cruzando los dedos.


22.11.11

Fugaz.

No eligió dónde y cuándo nacer.
El azar hizo un mal trabajo.
Eligió dónde y cuándo morir.

Abrir los ojos.

Se sumerge y abre los ojos,
parece que dentro del agua también duele,
el mesías multiplicó los planes y no nos dio tiempo a hacer ninguno,
pintamos finales felices y no hubo final,
amamos en un vals y morimos en un tango,
llenamos el bidé de lagrimas y leímos entre rayas,
nadie supo traducir nuestros silencios,
ninguno quiso convertirlos en palabras
medimos el infinito en ganas de perdernos.
Nos perdimos.

Parece que dentro del agua también duele.

Yume nº3: Agua.

La gota corre la cortina y ve que ahí fuera llueven niños con capucha, una mujer rompe aguas saladas de llanto y da a luz a la vida de aquel que murió durmiendo y quedó viviendo dentro del sueño, mientras fuera le come el mismo gusano que escapó de la manzana de Guillermo. Sigue lloviendo pero no es más que un te quiero camuflado y la nube hace señales al humo que se escapa de su boca, mientras el soñador llega al Nirvana y saluda al grunge de pelo rubio. Sigue lloviendo pero la ventana está mojada por dentro y no por fuera, ya que al fin y al cabo en Nueva York la lluvia y al dolor viven a una letra de distancia y aquel árbol convertido en avión acaba de derribar dos almas gemelas. Erroristas suicidas durmiendo en la calma de un fakir, matando al tiempo dándole más trabajo al gusano, mirando la cara que oculta la Luna por vergüenza de tener esa bandera clavada y aquel niño que quiere ser astronauta, acabará haciendo alunizajes y cometiendo a la cena los errores que no cometió a mediodía.


18.11.11

Yume nº2: Flush.

...el mundo es un pañuelo sucio con el que alguien se despide de alguien en una estación de tren y la vida es lo que pasa entre cada una de las despedidas. En uno de estos espacios de tiempo, la conoció. Apareció de la nada, se teletransportó a su vida y en la primera conversación ya se contaron una anécdota, porque ella no tenía principio, no empezaba con un  "Érase"  ni acababa con un punto final, empezaba y acababa en puntos suspensivos, como los sueños. Se mudó al centro de sus pupilas y él aprendió a hacerla surgir en cada sitio que miraba y a soñarla cada vez que los cerraba. Ella lo planeaba, era la arquitecta del sueño y el sueño a la vez y cuando no se volvía sueño, se convertían en insomnio mutuo y pasaban toda la noche juntos, besándose con sus lenguas muertas hablando latín, oyendo y descubriendo Brigantium en cada caracola. Descubrió que el sentido de su vida giraba hacia la misma dirección que el reloj que dejaba de funcionar cuando se separaban, que no quería despertarse, que quería dejar a Úrsula en París y quedarse a vivir con ella en aquel parque, durmiendo allí cada noche y despidiéndose sabiendo que aquello sería una buena anécdota que contarse cuando se conociesen...