3.2.12

Entre lineas.

Y ahí estoy yo, sentado contra la pared de mi habitación, leyendo a las cuatro de la mañana, con los brazos cansados de entrenar y respirando el olor a marihuana que sale de mi chaqueta mojada, tirada en el suelo en cuanto llegué de la calle. Ella duerme. Todas ellas duermen. Yo ni siquiera leo lo qué Cortázar se esforzó en pensar y algún editor en imprimir, hay demasiado ruido en mi cabeza para eso, simplemente meto los problemas del día o del mes entre las lineas y los leo con calma. Veo la cara de mi padre entre la historia del hombre que vomita conejitos y discutimos, aquella solución con la que no di en el examen se me aparece en Instrucciones para subir una escalera, facturas bajo Telegramas y entre la cocina y la habitación de la Casa tomada me encuentro con aquella chica y me pregunta por qué hice aquello. Ella despierta.

-¿Qué haces?

En ese momento hay más poesía en ella que en cualquier libro escrito por cualquiera, con todo el respeto a quien tenga que tenérselo, que él seguro que me daría la razón. En la camiseta blanca de tiras que usa para dormir, en el pelo rizoliso desordenado por la almohada, en sus ojeras a medio hacer, en la forma en la que se acerca y apoya su cabeza en mi hombro y sin palabras, solo con unos leves empujoncitos con la frente dice: "Ven a la cama, tonto" inventando su propio lenguaje morse con rizos y legañas, ojeras y bostezos y ese beso de recién despierta con mal aliento que me hace tirar el libro al suelo y que los problemas desaparezcan de entre las lineas de golpe, para huir a nosédonde y volver cuando ella no esté para echarlos.

8 comentarios:

  1. quiero a tus palabras.

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  2. Tienes el don de hacer bonita la rutina que a otros destroza.

    (Adoro la historia del hombre que vomitaba conejitos).

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  3. El tonto de pichote4 de febrero de 2012, 0:13

    me enamoro de cada entrada tuya de verdad.

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  4. me gusta mucho todo lo que escribes

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