En el laberinto. Tú por un lado y yo por el otro. Por si no fuera lo bastante complicado con uno solo buscando y el otro en el centro. El centro cambiando de sitio a cada segundo. Ya no dos Penélopes, ahora dos Ulises. Los caminos cambiando cada día y las brújulas que indican nuestro camino al norte averiadas por vivir en un continuo Coruña. En las antípodas. Tú por un lado y yo por el otro. Escavando cada día nuestra parte de tierra con cucharilla de plata por no querer ensuciarnos las manos con la pala pero sin querer encontrarnos para no morir abrasados en el centro de la tierra. En un continuo buscar para no encontrar, como todo lo contrario que nosotros hacemos, porque en realidad nacimos en el centro e intentamos escavar para volver a encontrarnos en un lugar en el que el calor no nos mate, sucios de tierra hasta las orejas. Imperfectos pero factibles. Quizá moriríamos sin calor. Quizá nuestro sitio es el centro.
"Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos a encontrarnos"

Quizá la magia de algunos destinos esté precisamente en eso, en rozarse, cruzar miradas y no llegar nunca a tocarse.
ResponderSuprimirAdoro esa frase de Cortázar.
Besos.
Qué gusto da encontrarse con algo así un día cualquiera. Felicidades. Me has hecho sentir tú.
ResponderSuprimirLeí esto esta mañana y por fin he parado para poder decirte que te has pasado aquí. De genial. Me encanta.
ResponderSuprimirEsa frase de Cortázar es tan OH DIOS MIO.
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